(Mariana, 32 años)
Soy porteña, cosa que hace que me satisfaga ir a terapia tanto o más como ir a hacer actividad física. Hace unos años que mi vida transcurre en Dublín, Irlanda, una ciudad tan bonita como casi desierta de psicólogos y otros “bichos raros”. Hago psiquiatría clínica, una especialidad que en cierto modo, aun sigue haciendo la vista gorda a complementar más la practica estrictamente biológica con el acompañamiento o el vínculo terapéutico.
Ese vinculo curador, según Yalom en el que van y vienen palabras sin mayores efectos adversos pero con tanto o más efecto placebo y real que muchas pastillas. Ahora, se puede uno sentir acompañada, escuchada, entendida y ser llevada a la reflexión sin ese que se yo que tiene el lenguaje no verbal? Si, es mi respuesta.
Si, decimos mucho con el cuerpo, con la mirada pero la más didáctica manera de enunciar lo que sentimos aun sigue siendo la voz, la palabra, el llanto, la risa sin sonido o con él. Si el interlocutor está ahí (fuere donde fuese) la posibilidad de expresarnos también esta. A los 24 he tenido ataques de pánico, medicación y ejercicios de terapia conductual me ayudaron a superarlos en primera instancia.
Por una década me olvide del padecimiento. Una década después y al haber tenido una leve recaída, lo cognitivamente aprendido tanto tiempo atrás es sostenido por un análisis más profundo, existencial y hasta “benzodiazepinico” que me ofrece la logoterapia.




















