EL JARDÍN
Muchas personas buscan vivir la vida más apasionadamente, dejando su huella para que otros puedan continuarla o al menos, encontrarse en ellas. En toda familia tenemos alguien que es muy trabajador, alguien que busca sólo pleitos para que en la confrontación o choque sus ideas o sus problemas hallen una cierta “satisfacción”, algo extraña pero placer al fin para ellos. Otras personas son aquellas que aman la cocina, la limpieza, hay otras que prefieren estar constantemente en la calle haciendo algo, o las que disfrutan de estar en su casa y de la tranquilidad y seguridad que viven en ella. Mostrarles a todas ellas un espejo diferente del que ven frente a sus ojos y acercarles el mundo para que lo vean desde otros lugares es todo un desafío. Ese trabajo no es fácil porque trabajar con personas es sumamente complicado, se pone en juego nuestra intimidad aunque intentemos no hacerlo, lo subjetivo queda expuesto y el otro, del mismo modo que un espejo puede mirarme y descubrir parte de mí, puede percibirme y vislumbrar mis temores y mis pasiones, dejándome en un estado de completa vulnerabilidad. En las relaciones interpersonales si queremos conocer al otro es preciso que mostremos nuestros pensamientos y deseos, también nuestras aspiraciones, miedos, aflicciones, tristezas pasadas, broncas, rencores, aspiraciones, riesgos tomados o los que quiero tomar. Hace varios años que conozco a una persona que tiene muchos deseos de contarle al mundo lo que ha aprendido, lo que ha sentido, encontrado y querido, hace tiempo busca tantas ideas en su cabeza y aún sigue pero no conoce lo que viene en lo más mínimo, ella es María, totalmente paciente en sus decisiones pero algo alejada de la realidad que la empuja y apura sus pasos, ella quiere hacer tanto en la vida y cree que el camino se marcará pronto. Sólo espera, que alguien o algo se lo señale, en esa angustia o sufrimiento que acompaña su marcha de espera ella no está tan sola, tiene una amiga muy amiga y es Eugenia. Ellas se conocieron cuando descubrieron el gran jardín cubierto de flores de todos los colores posibles, ambas juraron no compartirlo con nadie hasta que sea el momento para eso. María descubrió primero el lugar porque buscaba algo especial en el huerto de su abuelo, quería preparar algo para el banquete que ofrecían sus padres ya que vendrían sus primos a visitarlos. Al llegar a su casa se encontró con Rocío, Tomás y Felicitas, primos que jugaban con ella desde que era pequeña. Se dirigió rápidamente a la cocina para colaborar con los postres que presentarían, también le gustaba distraerse conversando con el personal y con alguien muy especial, la cocinera Blanca, que hacía tantos años trabajaba con la familia y que conocía a María desde su nacimiento. Siempre pasaba horas hablándole y haciéndole preguntas a Blanca sobre su vida. La relación entre ambas era muy especial. Blanca sabía de las andanzas de María, de sus cuestionamientos y aunque mucho no los entendía podía percibir lo que quería. En la casa de María había muchas habitaciones, era muy grande de estilo europea, sus padres, Mauricio y Ana eran descendientes de la realeza española aunque nunca respondieron a ningún protocolo de ese tipo. El padre de María, Mauricio, viajaba mucho por cuestiones de trabajo, había conocido Rusia, Alemania, Israel, Brasil, etc. Y de cada lugar que venía le traía un recuerdo a ella, en su último viaje le regaló una caja con tarjetas de colores y en cada una había un nombre, ella tenía que averiguar quiénes habían sido esas personas, de qué época y por qué sus nombres recorrían el mundo. Por el momento la caja había quedado sobre la mesa de luz, no sentía tanta curiosidad por la caja con los nombres como por ese jardín hallado hace un tiempo. La habitación de María tenía una ventana muy grande, desde la cual podía observar aquél jardín tan oculto de enredaderas y arbustos que lo rodeaban impidiendo que alguien pudiera ver ni la más pequeña parte de él, muy cada tanto le parecía ver un resplandor. El Jardín tenía un nombre que aún no había sido descubierto por María, lo que sí conocían de él eran sus flores tan cuidadosamente cultivadas, su fuente seca pero que mostraba marcas circulares de agua que un día había contenido. Algunos árboles se distribuían de una manera muy particular, como si alguien los hubiera ubicado con alguna razón muy específica. María sabía que había mucho por averiguar de ese Jardín, sacar a la luz su enigma y que llevaría su tiempo pero valdría la pena. Le gustaría llenar la fuente de agua, saber quién mantiene aquellas flores tan lindas e investigar sobre el árbol que ocupaba el centro del mismo y que le resultaba tan familiar, como si alguna vez lo hubiera visto, mientras más pensaba en ello menos podía saberlo. Su preocupación ahora era participar de la cena con su familia. Para María esos momentos eran inolvidables porque escuchaba las vivencias que cada adulto comentaba durante el té o café que tomaban luego de cenar y que iba acompañado de sabrosos y tentadores pasteles, allí también compartían bromas y con sus primos jugaban a las escondidas en el jardín de la casa. Una noche muy cansada se durmió en el sofá de su habitación leyendo un libro que le había regalado su abuelo una navidad, en aquél sueño María que tenía 12 años de edad se veía como de 5 años, y allí descubría una caja muy cerrada, como si alguna persona se hubiera ocupado de sellarla bien para que nadie tuviera la oportunidad de abrirla y ver su contenido, en el intento por forzar el candando, muy duro y oxidado, María se despertaba sin poder saber lo que tenía. Pensaba si la caja del sueño sería la misma que le había regalado su padre en el último viaje. Tenía tanta intriga por conocer el contenido de la caja del sueño que intentaba dormirse en el día para ver si lograba repetirse. Sabía que existía alguna relación con el obsequio de su padre aunque no sabía el por qué soñaba eso ni su relación con la realidad que vivía. Sus padres, Ana y Mauricio, dormían en una habitación al lado y como era única hija siempre le pedía a ellos el permiso para invitar a sus primas y amigas de manera de no jugar sola y poder conversar largas horas en las noches cuando todos dormían. En su habitación tenía una biblioteca con libros de astrología, mitología, filosofía, historia, etc. Desde niña le regalaban, ella tenía una cierta costumbre por la lectura de libros relacionados con el hombre, y mientras más leía más preguntas se hacía, más dudas tenía y más cosas quería hacer cuando fuera grande. Algo que le gustaba bastante era entrar a la cocina y terminar de comer la raspa de la masa de postres que hacía Blanca, señora mayor algo baja de aspecto agradable y dulce con una educación escasa pero de grandes valores y muy buen corazón. Cuando venía Eugenia de visita, María la llevaba también pero esta vez compartiendo la raspa del pastel de chocolate y dulce de leche, de la tarta de limón, y otros postres dulces que Blanca había preparado con tanto entusiasmo. La conocía a María desde bebé por lo que podía adivinar que tramaba María cuando desaparecía de la vista de sus padres. Blanca no era una señora como cualquiera, tenía poderes sobrenaturales que no eran conocidos por nadie sólo sentidos por María y Eugenia, ellas no entendían bien como hacía algunas veces para producir cambios en las cosas pero notaban que tenían mucho de especial. Ambas sabían que Blanca no había logrado terminar de estudiar de niña pero su sabiduría no tenía precio, se anticipaba a hechos que nadie conocía, hacía comentarios sobre lo desconocido como si lo supiera de antemano. La rodeaba mucho misterio y a pesar de ello parecía como si las personas no lo notaran. María pensaba que quizás Blanca los había embrujado para que no vieran, eso mágico y único que sólo ellas percibían. Cada vez que tenían un rato y estaban juntas, María Y Eugenia se escapaban al jardín y jugaban cuidando las plantas de allí, a veces se escondían para ver si alguien entraba en él pero nada, entusiasmadas con su hallazgo regaban las flores les hacían canteros con pequeñas piedritas e intentaban subirse a los árboles que parecían tener varios años por el tamaño de su tronco y ramas. Cuando se sentaban a mirarlo María pensaba en tantas cosas que había por comprender y buscar y sentía como si se encontrase en el principio, se preguntaba si alguna vez tendría las respuestas en su mano, si lo que siempre creyó sería verdad, si el camino elegido iba a ser el correcto y temía perder sus oportunidades, dejar que pasaran sin darse cuenta, tener la solución en su nariz y no haberla visto nunca. Por dónde comenzaría…cuáles las señalas si las hay… qué era lo que la movilizaba tanto… por qué ahora tantas preguntas… … Una mañana se despertó con el canto de una pájaro que escuchaba por primera vez, el mismo se encontraba parado en la rama del árbol más cerca de su ventana. María se levantó y se vistió muy contenta porque presentía que sería un buen día. Al bajar al comedor para desayunar con sus padres vió a Blanca hablando en la cocina con un señor muy anciano, de barba larga y canosa, como salido de otro tiempo. Despacio se acercó a la puerta y trató de escuchar su conversación. Blanca le decía que no dejase la puerta abierta de…..y María ya no pudo escuchar más porque entraron sus padres llamándola. Luego de desayunar ella estaba tan inquieta por lo que había oído en la cocina, quería saber de qué puerta se trataba y pensaba que seguramente sería la del jardín, algo había en él que se ocultaba y ese señor de barba larga lo sabía, sería cuestión de buscarlo y preguntarle pero al mismo tiempo María pensaba si le diría algo… Fue entonces que decidió salir al parque de la casa y recorrerlo pero el señor no estaba por ningún lado. Después de estar unos minutos sentada llegó Eugenia y María le contó sobre lo escuchado en la mañana muy temprano. Las dos creyeron que lo mejor sería hablar con Blanca y preguntarle directamente. Se dirigieron a la cocina de la gran casa e interrogaron a Blanca. La respuesta de ella fue bastante escueta, les dijo que la puerta era el paso a una dimensión diferente de la que ambas conocían, y cuando quisieron saber de qué Blanca tomó el palo de amasar y prosiguió con lo que estaba haciendo sin emitir ni una palabra más. Qué estaba ocurriendo, acaso todo lo que veían, sentían, vivían no era real… esa tarde trataron de darle vueltas al asunto y no pudieron entender qué había querido decir Blanca. En la noche luego de cenar María entró a su habitación y apenas miró se encontró con la caja obsequiada por su padre, rápidamente la abrió y lo primero que vio fue un nombre “Ricardo” comenzó a buscar en su biblioteca intentando descubrir de quién se trataba y entonces apareció Ricardos Antonio de nacionalidad Española, nacido en Barbastro el 12-9-1727 y fallecido en Madrid el 13-3-1794, era militar. Otro que encontró fue Ricardo Corazón de León, Rey de Inglaterra, nacido en Oxford el 1157 y fallecido en Francia 1199. Tercer hijo de Enrique II. Enseguida Tomó otra de las tarjetas de la caja y el nombre que apareció ahora era “Isabel” también buscó en sus libros y la primera que vio fue Isabel Clara Eugenia, Princesa española Balsaín 1566- Bruselas 1633, hija del Rey Felipe II y de Isabel de Valois. Continuó sacando mas nombres; “Augusto” Cayo Julio César Octavio Augusto, primero Emperador Romano 27 a.C- 14 d. C. Mienbro de una de las familias más ricas de Roma. “Federico” Federico II el Grande, Rey de Prusia, Berlín 1712-Potsdam 1786. “Esteban” Esteban I el Santo, Duque y primer Rey de Hungría, Hijo del Duque Magiar Géza e introductor del cristianismo en tierras Húngaras. “Victoria” Victoria I, Soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y Emperatríz de la India, Londres 1819-Isla de Wight, Reino Unido 1901. Cada vez que sacaba un nombre sentía que mucho era lo que la conectaba con todas aquellas personas que habían tenido importancia en la historia del hombre, grandes hazañas, algunas muy temidas otras queridas pero qué era lo que tenían en común estos nombres que no eran sólo nombres sino que hablaban de alguien en particular con vidas parecidas algunas pero tan diferentes al mismo tiempo. Pensó que no había casualidades para ella, por lo que había una razón que explicaba el haber dirigido su vista a la caja apenas entro al cuarto. María creía que todo se conectaba con el misterio del Jardín descubierto con Eugenia…y de pronto empezó a revisar en la caja para ver si tanto su nombre como el de Eugenia, el de sus padres o primos estaban en ella también. La sorpresa fue cuando era así. Entonces, entendía que lo que pretendían no era que supiera vida y obra de cada nombre descubierto en la caja sino que si bien todas hasta el momento habían sido personas destacadas en sus vidas significando mucho para otras, obteniendo enormes logros, dominando algunos a toda una nación o varios países. Teniendo una inmensa responsabilidad en sus manos, sabiendo utilizar apropiadamente su inteligencia o no, eran simples hombres o mujeres tratando de vivir y buscando el sentido de sus vidas en sus acciones y en la muerte también…de repente algo se iluminó en María esa noche y al día siguiente corrió a ver a sus padres, cuando la vieron pensaron que algo había sucedido. Ana, su madre, le preguntó que la traía tan apresurada cuando ella no era así. María entonces, preguntó directamente sobre la existencia de ese jardín. Sus padres se miraron y tomándola de la mano se sentaron. Su padre habló diciéndole que era el momento para explicarle. Ante tal situación María transformó su gesto de inquietud a preocupación mientras por su cabeza pasaban ideas como… ¿serán los misterios resueltos ahora, podré entender tantas cosas? Y más preguntas…Enseguida sintió la mano de su madre en la suya y con mucha tranquilidad le dijeron que ellos siempre supieron de sus visitas a aquél jardín que ella había descubierto pero esperaban pacientes que un día preguntara por la razón del último regalo, los nombres, el jardín y sobre quién lo cuidaba, etc. Hoy es tiempo de compartir una verdad contigo, dijo su padre, siempre es bueno que cada uno reclame respuestas en su búsqueda ya que de lo contrario no podría tener la apertura que se necesita para entender muchas cosas en la vida, también creemos con tu madre que el momento para cada respuesta es sumamente importante, de hecho en la vida todo lo aprendemos de a poco, a movernos, comer, caminar, hablar, escribir, hasta que se cumple nuestro tiempo en esta vida porque hemos hecho todo lo que pudimos, encontramos nuestro camino y a nuestra manera lo hicimos, algunos de forma solitaria, otros siempre acompañados, enfrentamos dificultades y las superamos o al menos supimos seguir viviendo con ellas, disfrutando de los magníficos días que ese ser en lo alto nos fue dando, las oportunidades que nos brindó para que siempre encontráramos la verdad. Todo hombre la busca y la encuentra si abre bien sus ojos, ambos pensamos que algún día necesitarías entender de alguna manera nuestra partida y para ello creamos el Jardín de la vida que has encontrado, allí no sólo hay plantas, flores y árboles o una fuente, no son sólo objetos, cada uno hace alusión a algo. Las flores por ejemplo, de tantos colores y variedades significan la alegría de la vida, los colores con que nos mostramos diá a día, los árboles están dispuestos de tal manera que ocupan el lugar de una persona en nuestra vida, cada uno tiene un nombre y esos son los que encontraste en la caja que te obsequié, son los familiares que pasaron por nuestras vidas y que con sus defectos y virtudes supimos comprender y querer y la fuente es lo que revitaliza, lo puro, lo que da vida a cada uno de los árboles y flores del jardín, permitiendo así que cada ser querido esté siempre presente. Ahora, puedes ver que en todo hay una verdad, la creamos o no y la magia puede ir de su mano. Queremos que sigas cuidando de él porque tiene que ver con nuestro pasado, nuestra historia. María comprendía de a poco la conexión de todo y preguntó si Blanca lo sabía también, ellos respondieron que Blanca lo supo desde que empezó a trabajar con ellos…y preguntó; ¿el jardinero? Él es hermano de Blanca, su nombre es Ramón, nunca le gustó mucho el contacto con las personas por eso es que se siente muy bien trabajando en el jardín, pensando María no entendía cómo nunca se lo encontró cuando fueron con Eugenia, a lo que su padre se adelantó y le dijo que Ramón trabajaba en el jardín durante la noche para que no llegues hasta el jardín por él, debido también a que él prefiere no hablar con nadie. María supo en ese momento que el resplandor se debía a que Ramón estaba allí por las noches. Luego agradeció a sus padres la conversación a pesar de que aparecerían nuevas preguntas una y otra vez a medida que vaya respondiéndose. Podía comprender que si bien en el jardín estaban los nombres de su caja, de familiares fallecidos al mismo tiempo era el Jardín de la Vida con lo que sólo podía significar que vivían en el corazón y en los recuerdos de los que seguíamos vivos. Todo esto llenó de alegría a María ya que por sus padres había podido vivir la magia de la aventura y el juego. Percibió también que siempre hay cosas nuevas por saber y vivir y que vienen de la mano de las personas menos pensadas. Blanca había ayudado a María mucho en su búsqueda con sus comentarios en la cocina, la había acompañado y había estado siempre cuando la necesitaba. Ahora su vida era vista como el primer capítulo de un gran libro abierto…